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Escritores le rindieron homenaje en Medellín al Gabo reportero

El Tiempo  |  01 de octubre de 2014 (00:11 h.)
fotografia

Historias, protagonistas de la jornada Premio Iberoamericano de Periodismo Gabriel García Márquez.

Gabo enfrentado a la máquina de escribir, dentro de una letra G. Luego, hablando por teléfono con los pies apoyados en una A. Al lado, recostado en una letra B, y al final, alzando los brazos, enmarcado por una inmensa O. Las imágenes de estos cuatro paneles sucesivos envolvieron este martes el recinto del centro Plaza Mayor, en Medellín, durante la celebración del premio homónimo, que convirtió a la ciudad en capital del periodismo iberoamericano por tres días.

Como moraleja de esas fotos, la relación del escritor con las letras fue simplemente la excusa para contar anécdotas y leer sus fragmentos, en una charla vespertina, moderada por el director de EL TIEMPO, Roberto Pombo, junto con los periodistas Joaquín Estefanía (España), Héctor Feliciano (Puerto Rico) y Julio Villanueva Chang (Perú).

“Gabo nunca fue un literato –disparó Feliciano, al comienzo de la conversación–, en el sentido de que siempre guardó un gran apego por el periodismo, por la calle, por el pueblo”. Sobre esa tesis, los cuatro periodistas discutieron la relación del nobel colombiano con el lenguaje y el periodismo.

Estefanía, por ejemplo, recordó la experiencia docente de García Márquez con jóvenes periodistas españoles a comienzos de la década de los 90, en el diario El País de Madrid. Citó la obsesión del escritor en favor del reportaje y en contra de la entrevista, y en palabras de Gabo contó la experiencia de una de esas reporteras noveles, que le pidió unas declaraciones y, en cambio, obtuvo el privilegio de acompañar a García Márquez durante todo un día, sin estorbar, como invitación a que escribiera el reportaje. Solo que, al final, terminó pidiendo “unas preguntitas”, y el resultado final terminó siendo lo que se quería evitar: una entrevista.

Esta aversión fue confirmada por Pombo, quien contó que una vez, cuando viajaban a Oaxaca (México), García Márquez se hizo cambiar el nombre en la aerolínea para pasar de incógnito, pero al llegar al aeropuerto lo recibió un reportero y le solicitó una entrevista. Luego de negarse y acudir a la reunión que tenía prevista, ya eran dos los periodistas que lo acosaban con preguntas. Y después del almuerzo ya eran cinco.

Al día siguiente, el primero que lo había abordado le confesó, desolado, que era practicante y que sabía de su llegada porque era pariente de una empleada de la aerolínea que le pasó el dato, y que había perdido su oportunidad porque ahora eran muchos quienes estaban a la caza de sus declaraciones. A lo cual Gabo contestó: “Esa es una noticia mucho más interesante que cualquier cosa que yo te pueda decir. Ve y la escribes”.

Con un ambiente distendido, el conversatorio derivó entonces hacia las innumerables historias personales del fallecido escritor, y fue el punto en el que Pombo confirmó una que ha ido adquiriendo visos de leyenda sobre la pérdida de memoria del nobel: “Una vez que fui a México, Gabo me advirtió: ‘Creo que es bueno que nos despidamos porque la próxima vez no te voy a reconocer’. Y la siguiente vez que nos vimos, me dijo: ‘Yo sé que te quiero, pero no sé por qué’”.

La palabra precisa

Villanueva propuso que alguien metiera en una base de datos todas las palabras de los textos de García Márquez para descifrar cuál era el adjetivo que más repetía o desentrañar su odio hacia los adverbios terminados en mente. “Tenía la calidad de tener la palabra precisa –explicó–, y también creía que algunas palabras traían mala suerte. Tenían ‘pava’.

Por ejemplo, se prohibía escribir ‘parámetro’, ‘contexto’, ‘simbiosis’: palabras que antes usaban solo los sociólogos y que ahora nos encanta usar”.

A lo cual, Estefanía contrapunteó que el autor cataquero tenía una habilidad especial para determinar el estilo de cada relato: “No sabíamos cómo, pero el hecho es que dominaba cada forma de escribir de una manera impresionante”.

Los cuatro coincidieron en que su musicalidad hipnótica era difícil de emular, con una vocación de narrador nato, quizás aprendida de los cuenteros de los pueblos, que no pueden vivir sin narrar. En algunos casos con imágenes cinematográficas, como a las que aludía cuando afirmó que “el cine es la vida sin los momentos aburridos”.

No obstante, Estefanía recordó que el mismo García Márquez admitía tener mucha dificultad para expresarse oralmente, y citaba como prueba que alguna vez se retrasó el lanzamiento de una novela durante tres semanas, a la espera de que apareciera el adjetivo indicado.

Esa adversidad, sumada a su timidez, le hizo perder la oportunidad de hablar con Ernest Hemingway una vez, cuando se lo encontró en París. Luego de seguirlo durante algunas calles, se limitó a gritarle desde la otra acera: “Hemingway, maestro”.

Su faceta periodística

Ya acercándose al final, la charla se orientó hacia la habilidad con que García Márquez encontraba un ángulo diferente para las historias periodísticas.

Feliciano, quien editó el libro Gabo periodista, del cual se lanzó ayer una segunda edición, reveló que en ese ejercicio comprendió que el periodismo fue para el autor una suerte de laboratorio para la literatura. “Era un lugar donde comenzaba muchas de las ideas que terminaban en sus novelas”. El puertorriqueño destacó cómo, desde los primeros textos, cuando tenía 20 años, iba incluyendo adjetivos y eliminando adverbios, “como una especie de historias solapadas, de periodismo y literatura, que van tocándose como si fuera la salida de un río al mar, donde las aguas van mezclando la sal con el agua dulce”.

Pombo recordó los consejos de redacción de la revista Cambio de México, en los que García Márquez guardaba silencio proverbial hasta el momento en que proponía enfoques que ninguno de los presentes hubiera siquiera advertido. “La gran virtud periodística de Gabo era poner la cámara siempre en contraplano, ver la realidad de manera opuesta a la mayoría, y tenía la capacidad para entrar en el alma de la gente y ver la particularidad sofisticada de las personas más simples”, expresó.

A manera de ejemplo, Estefanía recordó que el escritor quería contar la historia de un pueblo boliviano donde había mucha contaminación, y los análisis de las heces revelaban altísimos niveles tóxicos. Solo había un vendedor de helados que estaba incontaminado, y entonces empezó a ‘vender su caca limpia’.

En consecuencia, Villanueva destacó que García Márquez fue un defensor de la exageración y que encarnaba el atractivo que ejercen las personas que se comportan de manera diferente, no las comunes y corrientes, y eso él lo sabía casi de nacimiento.

Con un público cautivado por la revelación de algunos de los trucos del escritor y sus encuentros con grandes creadores, como el cineasta Akira Kurosawa, y su amistad con Julio Cortázar, el conversatorio llegó a su fin con un testimonio contundente que arrojó el director de este diario:

“Después de que Gabo dejó de reconocer a las personas, perdió la memoria, pero nunca el lenguaje. Las muchas veces que estuvimos con él, al final, todos sus comentarios eran de una claridad intacta, en la cual el olvido no hizo estragos. Gabo perdió la memoria en vida, pero el lenguaje sólo con la muerte”.

Este miércoles, en el Premio de Periodismo Gabriel García Márquez

Ceremonia de entrega

El presidente Juan M. Santos encabeza la ceremonia de entrega de los premios, a las 7 p. m., en el Teatro Metropolitano de Medellín. Entre las categorías están: cobertura, imagen, texto e innovación.

Gabo y su lucha por la paz

Uno de los platos fuertes de este miércoles es la charla de las 5 p. m. sobre el papel que jugó Gabo en la búsqueda de la paz. Participan: el periodista español Joaquín Estefanía, el exministro Rafael Pardo, el exvicepresidente de Nicaragua y escritor Sergio Ramírez, el exdirector de EL TIEMPO Enrique Santos Calderón y el periodista brasileño Eric Nepomuceno.

Periodismo de datos

El español Xaquín González, que trabaja con The New York Times, dará una charla a las 9 a. m. sobre periodismo de datos y la narrativa visual, en compañía de su compatriota Gumersindo Lafuente.

¡Bravo, maestro!

Grandes manifestaciones de admiración ha recibido en Medellín el periodista Javier Darío Restrepo, uno de los ganadores del galardón de Excelencia en los premios GGM, junto con la mexicana Marcela Turati. Este martes, al subirse al bus que llevaba a los invitados, desde el hotel al centro Plaza Mayor, Salvo Basile le gritó “¡Bravo, maestro!”, y se inició una salva de aplausos.