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Andrés Castañeda

Ustedes, señores

Andrés Castañeda | 25 de junio de 2015

No señores, no les creemos: esta no es una guerra contra una amenaza terrorista y no es tampoco una guerra revolucionaria. Esta es una guerra estúpida que han librado ustedes -cada uno con sus discurso y sus tropas- para beneficio de ustedes y nada más de ustedes. Y no, no señores, no estamos dispuestos a recibir un golpe más. No vamos a seguir callados mientras ustedes se reparten el derecho a hablar, a despotricar uno del otro como perros rabiosos que se pelean por un pedazo de carne. Tal vez ha sido ese uno de sus mayores errores: que ven en nosotros a una presa fácil que pueden seducir y atrapar mientras le siguen enseñando los dientes a su enemigo. Ustedes se odian pero se necesitan, pero nosotros, señores, no los necesitamos a ustedes. Nos estorban.

Claro, ustedes prefieren insistir en la guerra, en la burda fantasía de aniquilar al contrario, y mientras las pompas fúnebres desfilan delante de las cámaras de televisión, aplauden tras bambalinas ustedes, precisamente ustedes, que se lucran con todo el dolor.

Nosotros -hablo en plural, esperando que alguien, aunque sea una persona, decida hablar conmigo- ya sabemos lo que han hecho: han obligado a otros a que vayan por ustedes a "defender la patria" o a hacer "la revolución", y les han entregado un arma para que vayan a matar y a hacerse matar por las ideas de ustedes, señores, por sus estrechas y perversas visiones del mundo, por su radicalismo absurdo, por su ultraderecha guerrerista, por su trasnochada perorata guerrillera. Y a nosotros nos duelen los muertos que su arrogancia va dejando, porque son muertos que ustedes le arrancan a ese país que nadie voltea a mirar: jóvenes que se hacen adultos creyendo que viven en un mundo de enemigos.

A decir verdad -y ahora hablo en primera persona- uno se los puede imaginar a ustedes estrechándose la mano, satisfechos con los resultados de la atrocidad, porque esa atrocidad los enriquece y los mantiene vigentes y alimenta la imagen redentora que tienen de sí mismos. Uno se los puede imaginar fácilmente estrechándose la mano, sí, y seguros, ante todo, de que se seguirán odiando, pero se seguirán necesitando, porque en el fondo son iguales, aunque hayan afirmado ser distintos.

Y aunque cada vez sea más difícil defender el proceso de paz por la cobardía de unos y el oportunismo de otros, tal vez hay que defenderlo porque finalmente, quiera dios, quieran todos los dioses, nos servirá para librarnos de ustedes, señores, que en el fondo son la misma cosa, que se odian pero se necesitan pero no han entendido que no los necesitamos y nos estorban.

Es verdad, señores, nos estorban, pero estamos dispuestos a darles un lugar entre nosotros. Lo tendrán, sin duda, pero esta vez van a tener que levantar la mano antes de hablar y, sobre todo, no van a poder disparar.

Punto aparte. El coronel retirado Hugo Aguilar, condenado por parapolítica, anda de correría haciendo política para poner su candidato en la gobernación. El exconcejal de Charalá, Luis Moreno, quien estaba preso por ayudar a paramilitares del bloque Cacique Guanentá en la toma de un colegio en el que sus alumnas fueron violadas y quien aseguró que "los violados eran los ‘paracos’, no las niñas", fue recibido con una fiesta a su regreso el pasado 7 de junio. El concubinato de Santander con el paramilitarismo produce vergüenza.

@acastanedamunoz 

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