00:36 h. Jueves, 27 de febrero de 2020
Maria Eugenia Rinaudo

Gestión de riesgos = adaptación al cambio climático

Licenciada en Estudios Ambientales.

Maria Eugenia Rinaudo | 28 de abril de 2015

La evidencia de los desastres naturales (o como deberían llamarse, desastres antrópicos) ha marcado una nueva era en la historia de la humanidad, ya que a lo largo de los últimos años han surgido innumerables acontecimientos a nivel mundial que nos acercan a las discusiones concretas y necesarias para definir estrategias y políticas a fin de enfrentar estos fenómenos, cada vez más frecuentes ante un clima cambiante y una población mundial en ascenso.

Los desastres antrópicos -ocurridos por las actividades humanas-, no son independientes de la crisis ambiental que estamos presenciando en la actualidad. De hecho, son una muestra de nuestra obvia desconexión con el entorno, con los ecosistemas y con los recursos naturales.

Inundaciones

Al referirnos a la gestión de riesgos, es imprescindible que hablemos de cambio climático y como la adaptación a éste puede ser una “barrera protectora” para las comunidades -vulnerables o no-. Todos debemos adaptarnos al cambio climático y construir resiliencia, es una responsabilidad como sociedad. Por tal razón, es prioritario que la gestión de riesgos esté enmarcada en las políticas de adaptación de cada país y pueda garantizar la calidad de vida de las personas que habitan un lugar determinado.

Muy lamentablemente, vemos como de manera general, las estrategias de gestión de riesgos y adaptación al cambio climático, no están centradas o coordinadas con políticas adecuadas en ordenamiento territorial, gestión ambiental o planificación; representando una alarma importante en la consolidación de políticas adaptativas para salvaguardar la vida de ciudadanos y promover efectivas acciones en la prevención de impactos ambientales significativos.

En el año 2014, durante el Encuentro Constitucional de la Tierra en Colombia, el Dr. Julio Carrizosa menciono que “el poder ambiental viene de la realidad sobre lo que nos está pasando”, refiriéndose concretamente al Fenómeno de La Niña y El Niño. Y es que si reflexionamos al respecto, la sociedad solo se hace consciente y consecuente cuando vive la realidad del entorno: falta al acceso de recursos hídricos, incendios forestales o granizadas inesperadas; ni digamos con fenómenos más graves como crecidas de ríos, deslizamientos, inundaciones, sequias extremas, entre otros.

Inundaciones 2

Los desastres antrópicos, pueden empeorar de manera significativa los índices sociales de una región por décadas de acuerdo a un reciente estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en el cual hace especial referencia a un terremoto de casi 8 puntos en la escala Ritcher, ocurrido en el año 1970 en Ancash (Perú) y como los efectos del mismo continúan hoy día. Pero no es solo ese caso, el que demuestra como las consecuencias de este tipo de fenómenos se alargan a través del tiempo. El Dr. Wilches-Chaux publicó en el transcurso de este año, una interesante nota en donde expresa las dificultades que tenían hace pocos años las comunidades de Honduras y Nicaragua por el huracán Mitch, ocurrido en Estados Unidos en el año 1998. El expresa que “el territorio se encontraba minado a raíz de la guerra civil centroamericana que había concluido muchos años atrás. Allá me enteré con sorpresa de que el huracán había redistribuido las minas en el territorio es decir, que como consecuencia de los vientos, inundaciones y deslizamientos, zonas que hasta ese entonces se consideraban libres de minas, habían resultado conta-minadas (me es difícil entender cómo un huracán logra mover las minas sin que exploten, pero recuerdo también que en muchas guerras las minas son sembradas en el suelo desde aviones.)”.

Como es evidente, el sistema ambiental y el social están fuertemente unidos. Por esta razón, considero de suma importancia que los gobiernos se acerquen más a la realidad -no imaginaria- de nuestras comunidades y localidades, a fin de encontrar las claves efectivas, tradicionales y experimentadas de la misma gente que probablemente se verá afectada por el cambio climático en un futuro cercano.

América Latina es una región frágil y vulnerable ante los desastres antrópicos. Ya hemos sido testigos de cómo la fuerza de la naturaleza cobra lo que el ser humano ha hecho con desdén y sin “pensar” en los efectos adversos que puede acarrear, llevarle la contraria al planeta.

Maria Eugenia Rinaudo
@rinaudomariae

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