23:51 h. Miércoles, 26 de febrero de 2020
Maria Eugenia Rinaudo

Gradual y silencioso: cambio climático en América Latina

Licenciada en Estudios Ambientales.

Maria Eugenia Rinaudo | 10 de diciembre de 2014

¿Está América Latina preparada para desafiar el cambio climático?. Este fenómeno ha transitado de un riesgo naturalistico a un riesgo manufacturado y la evidencia clara está en la intervención humana de los recursos naturales de una forma insostenible, generando a su paso contaminaciones ambientales de gran magnitud, deforestación, pérdida de biodiversidad y una fósil-dependencia alucinante.

El cambio climático por su impacto sobre el desarrollo económico y social, obliga a repensar el esquema institucional y las prioridades de la planeación territorial. Ha llegado la última oportunidad para actuar. No podemos permitir que quede grabada en la historia de la humanidad que no aprovechamos el momento que teníamos entre nuestros dedos: la COP-20 (en el 2014) y la COP-21 (en el 2015). Debemos actuar ahora, es nuestro momento. Es hora de promover un liderazgo climático regional, impulsado por las negociaciones que se darán en Perú a finales del presente año durante la 20ava. Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y en la cual, se tendrán que dar pasos firmes para la creación de un nuevo esquema vinculante, eficiente e incluyente para el 2015.

Nuestra región aporta tan solo un 11% de las emisiones causantes del calentamiento de la Tierra. No obstante, los países latinoamericanos son especialmente vulnerables ante sus efectos debido a su dependencia económica de las exportaciones de los recursos naturales, la existencia de una red de infraestructura especialmente sensible a los fenómenos climáticos extremos y a la presencia de áreas bioclimáticas criticas como la Cuenca Amazónica, el bioma coralino del Caribe, los humedales costeros y ecosistemas montañosos.

América Latina ha registrado pérdidas por más de 210.000MM$ debido a los efectos de los desastres socio-naturales en los últimos 10 años. De igual forma los altos índices de pobreza y corrupción gubernamental, incrementan los efectos del cambio climático. Nuestra región, ocupando el 70% de la biodiversidad del mundo es muy vulnerable ante los aumentos de la temperatura. Prueba de ello, es el especial interés que se tiene sobre ecosistemas y algunas especies de flora y fauna que se ven altamente perjudicadas. Recientemente se dio a conocer públicamente que en Costa Rica, el sapo dorado y la rana arlequín de Monteverde, fueron declarados extintos (a pesar de tener sus hábitats protegidos) y han sido representados como las “principales víctimas del cambio climático” en la región.

Para el año 2050, América Latina tendrá el 80% de población urbana, lo cual implicaría una mayor disponibilidad de alimentos, agua, utilización de tierras para producción de alimentos e infraestructuras y usos hídricos. De igual forma, en nuestra región hay alerta por la implicación de los sectores transporte y energía, respecto al cambio climático en el aumento del efecto invernadero, ya que cada ano podría generar unos 2.000 millones de toneladas de CO2.

En América Latina existe un aumento significativo en la elaboración de políticas nacionales con respecto al cambio climático, pero aún persisten serias deficiencias en su implementación y ello se debe principalmente a la falta de recursos y de capacidad de las naciones para ejecutar los planes y programas. Los países de nuestra región cuentan actualmente con numerosas experiencias prácticas en temas de adaptación y mitigación al cambio climático. Esto les ha permitido, desarrollar sus capacidades para identificar la vulnerabilidad humana y natural.

Estas experiencias, podrían convertir a América Latina en una región líder en la lucha climática, capaz de crear activos programas para conectar actores locales, regionales y globales, articulando las necesidades de cada país con los de la comunidad latinoamericana. Es el momento de que nuestra región encabece el camino hacia un futuro sostenible.

La adaptación “espontanea” que proviene de las mismas comunidades es fundamental. Se debe creer en el poder de los experimentos y más cuando los mismos, son generados por las propias comunidades ya que es allí, donde con muy poco se puede hacer muchísimo. Se debe usar la adaptación como principal herramienta de fortalecimiento de capacidades y así contribuir a la reducción de pobreza y desigualdad social. La adaptación al cambio climático, requiere una alta dosis de innovación, especialmente en el campo de los recursos hídricos (muy importantes para la región), el diseño de infraestructuras acordes a las nuevas temperaturas y fenómenos climatológicos extremos y el adecuado ordenamiento territorial. Es determinante construir en el mundo, un modelo climático inteligente con un enfoque social, donde sea posible realizar una transformación actual y de común consenso para todos.

En el fondo, el cambio climático es un síntoma de que esta sociedad no funciona para nada bien y por lo tanto, los valores morales, las tradiciones y la cultura desempeñan un papel fundamental. Siendo el cambio climático un imperativo moral, necesitamos apostar por cambios epistemológicos en las sociedades para combatir este desafío del siglo XXI, ya que representa un reto ético más que científico.

La dimensión social del cambio climático tiene su sustento básico en un enfoque antropocéntrico del problema. En último término lo que interesa es controlar y contener los efectos adversos de este fenómeno en la humanidad y lo que ésta aprecia. El cambio climático puede ser considerado entonces, un hecho social ya que las personas son parte de la causa y quienes sufrirán parte de las consecuencias.

Lcda. Maria Eugenia Rinaudo Mannucci, En Twitter @climateate

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