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Santiago Orduña Méndez

Ley de “sédation profonde et continue” o eutanasia edulcorada

Corresponsal y Columnista en Paris.

Santiago Orduña Méndez | 15 de marzo de 2015

Si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma. Eso mismo debieron pensar los diputados Alain Claeys, del Partido Socialista, y Jean Leonetti, del conservador UMP, encargados por el presidente de la República Francesa, François Hollande, de forjar una nueva ley que “alcance el consenso y restaure el equilibrio” en lo que concierne al “final de la vida” y “la muerte digna”.

Hollande, en aras de zanjar su promesa electoral de 2012 -cuando se mostró favorable a autorizar la eutanasia-, dio luz verde a la proposición de ley presentada en diciembre por ambos diputados. El texto legislativo, que comenzó a debatirse el pasado 10 de marzo en la Asamblea Nacional, será votado en su totalidad este martes, para de ahí saltar a su posterior estudio en el Senado, antes de retornar a la Asamblea para su votación final.

El debate

A pesar de que la proposición de ley Claeys-Leonetti no legaliza directamente la eutanasia -no permitiendo aplicar fármacos a un enfermo terminal con el objetivo de quitarle la vida- sí que garantiza la elección del paciente en fase terminal o enfermedad grave e incurable de recibir una “sedación profunda y prolongada” con el objetivo de alcanzar la muerte. Los principales puntos de discordia son, por un lado, que dicha sedación busca decisivamente el fallecimiento del paciente, por encima del alivio del dolor. Por el otro, la imprecisión con la que el proyecto legislativo aborda el tiempo último de vida y que los más críticos advierten de convertirse en un autentico coladero, entendiendo que el proyecto legal “va demasiado lejos” y calificándolo como de “eutanasia disfrazada”.

El texto declara que “todos tienen derecho a recibir tratamientos y cuidados que alivien su sufrimiento”, permitiendo al paciente de disponer de una sedación profunda y continuada, “aunque ello adelante la muerte”, interrumpiendo al mismo tiempo todo tratamiento que “prolongue artificialmente la vida”. En esto último está incluida “la alimentación y la hidratación artificial”, cuestión que los contrarios al proyecto legislativo tachan de “inhumano”, al tardarse en algunos casos días en morir, con las consiguientes carencias básicas.

No llueve a gusto de nadie

Pese al intento del presidente Hollande de “crear consenso” en un tema tan delicado, el efecto ha sido –hasta el momento- el contrario. Cierto es que el pasado miércoles la Asamblea Nacional aprobó, con 89 votos a favor y 70 en contra, el artículo central de la proposición de ley “Dormir antes de morir para no sufrir”, pero aún así al Gobierno le han salido enemigos por ambos flancos.

A la derecha, una veintena de diputados del UMP se ha declarado en rebeldía a sus compañeros de filas, lanzando enmiendas con el objetivo de limitar el alcance de las medidas sanitarias y permitir la libertad de conciencia para los médicos que estén en contra de la norma. Asimismo, la semana pasada los líderes de las tres grandes religiones monoteístas del país –Cristianismo, Islam y Judaísmo- se unían en un mismo comunicado, publicado en el diario Le Monde, para alzar la voz contra el proyecto legislativo.

La tribuna fue firmada por el arzobispo de Lyon, Philippe Barbarin, el presidente de los protestantes franceses, François Clavairoly, el presidente de la asamblea de obispos ortodoxos franceses, monseñor Emmanuel, el gran rabino de Francia,Haïm Korsiam, y el presidente de la Unión de Mezquitas

Francesas Mohammed Moussaoui. En ella, se hacía un llamamiento para recuperar “el consenso sobre el final de la vida”, zanjado éste el 22 de abril de 2005 bajo la ley Leonetti –la ley actualmente en vigor e ideada por el mismo diputado del UMP diez años atrás-.

En dicha ley se expresaba de forma inequívoca que “nada podrá jamás justificar el derecho a dar muerte a un ser humano: ni su salud, ni su inconsciencia, ni su extrema vulnerabilidad, ni siquiera su deseo a morir”, apelando al carácter inviolable de la vida humana. Los cinco religiosos recuerdan que el propio Consejo de Europa condenó la eutanasia en 1.999 y salvo en Bélgica, Países Bajos y Suiza -además de los estados de Oregón, Vermont y Washington (EEUU) donde está aprobado el suicidio asistido-, en el resto del mundo no está permitida dicha práctica.

Asimismo, defendían que “toda vida humana debe ser respetada especialmente en el momento donde ella es más frágil” e instaban a “la ley civil a ser civilizada”, “ayudando a vivir y a morir, sin jamás arrebatar una vida, sin jamás decidir de dar muerte”.

La extrema izquierda tacha el texto de “blando”

A la izquierda de Hollande, cerca de 120 diputados -entre socialistas, independientes, ecologistas y comunistas- han presentado propuestas alternativas al proyecto del Gobierno, con el objetivo de legalizar la eutanasia y el suicidio asistido, acusando al gobierno de cobardía.

Por su parte, la ministra de Sanidad, Marisol Touraine, quien en 2009 propuso junto al ahora primer ministro Manuel Valls una ley a favor de una “ayuda activa” a morir, ha tratado de calmar los ánimos en el hemiciclo, defendiendo la proposición Claeys-Leonetti como “el avance más significativo” hasta ahora realizado y vislumbrando que “hoy, nosotros hemos levantado el listón. ¿Quizás otras etapas vendrán en el futuro?”.

Médicos y expertos en ética clínica ocupan los periódicos

Numerosos artículos, intervenciones radiofónicas o entrevistas en debates televisados han inundado el ámbito mediático francés durante la última semana. Destaca la carta escrita por los profesores de medicina Olivier Claris, Arnaud Scherpereel, Robert Moulias y firmada por otra quincena de docentes, en donde alertan que “la relación entre médico y paciente puede verse en peligro” por la iniciativa legislativa. Los especialistas advierten del perjuicio que conlleva “bascular cuestiones médicas al ambiente político” y aseguran que los efectos para paliar el sufrimiento antes de morir, ya están legislados en la actual ley Leonetti de 2005. En este sentido, los docentes recuerdan a los diputados de la Asamblea Nacional que “la sedación en pacientes graves es siempre excepcional”, y buscan aliviar al doliente, “aunque aumente los riesgos de fallecimiento”, pero “nunca provocar su muerte”. Asimismo, los doctores denuncian que este proyecto abocará a muchos pacientes, “a causa de la presión económica o social”, a la utilización forzada de “la sedación profunda y continua hasta la muerte”.

En esta línea argumental, el doctor Sylvain Pourchet, jefe de la Unidad de Cuidados Paliativos del hospital Paul Brousse hasta el 2014, preguntaba abiertamente al Gobierno en los medios de comunicación del motivo por el que desde 2012 han bajado las ayudas económicas para acceder a cuidados paliativos, dejando excluidos a 150.000 franceses. “Es como si les dijeras a los médicos: no te esfuerces, déjalo estar, la sedación lo arregla todo”.

SANTIAGO ORDUÑA MÉNDEZ en Twitter @Santiago_Orduna

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